domingo, 19 de junio de 2016

Identificando nuestras emociones

Por: Psic. Leydi del Rosario Gutiérrez Méndez


Dando continuidad a nuestro tema de la inteligencia emocional es muy importante hablar hora de las emociones, pues es punto de partida para poder en primer lugar identificarlas y posteriormente controlarlas.

Cualquier  estímulo que recibimos o situación que vivimos, ya sea externo   (de nuestro medio ambiente, o interno (de nuestra mente o cuerpo) siempre va a provocar en nosotros una emoción que sin lugar a duda nos llevará a tener una determinada conducta, por lo tanto, una emoción es el significado subjetivo y el sentido que se le da a una experiencia. Una emoción  es identificada como una experiencia que se siente y que conocemos desde que nacemos, y a su vez, es considerada como un estado fisiológico.

Cuando se manifiestan las emociones intervienen factores genéticos y culturales; los genéticos propician que las personas respondan a las emociones  básicas con ciertas expresiones faciales; sin embargo la forma final de estas expresiones vienen del aprendizaje dentro de nuestra dinámica familiar y social. Por ejemplo existen emociones básicas que comprenden las mismas manifestaciones faciales, es decir, los mismos gestos en todas las culturas, como es la alegría, la cual se expresa sonriendo o riendo, pero dentro de la misma sociedad las personas exteriorizamos una misma emoción de diversas maneras porque hemos aprendido comportamientos diferentes. También las expresamos a través de vocalizaciones como son por ejemplo los gritos, los que denotan miedo o enojo, o los  berrinches  que son frecuentes en los pequeños que denotan molestia. Por eso es muy común percibir una emoción al  escuchar la voz la una persona, pero a su vez  es necesario observar su lenguaje corporal.


Es importante señalar que las emociones no son buenas, ni malas, simplemente son emociones. En la infancia  aprendemos  a expresar determinadas emociones pero a reprimir otras y esto es principalmente a que durante las discusiones familiares no solemos confrontarlas ya sea porque producen dolor o desagrado, o porque no se quiere sufrir, o por miedo a no poder controlarlas; como consecuencia de esa represión, las emociones se transforman en rencor, egoísmo, envidia, etc. Es por eso la importancia de aprender a expresarlas, pues las familias  donde se expresan abiertamente los pequeños desarrollan el vocabulario necesario para pensar y comunicar sus emociones, mientras que las familias donde se suprimen y se evita la comunicación  es más probable que los niños repriman sus emociones.

Pues bien diremos entonces cuales son los pasos para desarrollar la inteligencia emocional.

1. Conocer las principales emociones y su significado.

2. Identificar mi forma de reaccionar ante los sucesos  cotidianos y la emocione asociada a dicha reacción. Enfocarme en aquellos casos donde mi reacción es negativa.

3. Identificar mis pensamientos asociados a toda emoción/reacción. Concentrarme en aquellos donde su reacción es negativa y buscar cambiar emociones y pensamientos.

Ahora que ya tenemos los pasos  los invito a que inicien este proceso  de identificación. ¿Cómo?, simplemente  tratando de percatarnos cuando expresamos una emoción: enojo, tristeza, decepción, alegría, etc. Cómo la estamos expresando.

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